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La «gripe española» fue la pandemia de gripe de 1918-1919, causada por un virus de la gripe A del subtipo H1N1. Infectó aproximadamente a un tercio de la población mundial (unos 500 millones de personas) y se estima que causó alrededor de 50 millones de muertes, quizá hasta 100 millones. Su rasgo más desconcertante fue que golpeó con especial dureza a adultos jóvenes y sanos. No se originó en España: recibió ese nombre porque la prensa española, al ser el país neutral en la Primera Guerra Mundial, informó sin la censura que ocultaba la epidemia en los países beligerantes.
En resumen
- Fue la pandemia de gripe más grave conocida: un tercio de la humanidad infectada y unos 50 millones de muertes (posiblemente hasta 100 millones) en 1918-1919.
- No empezó en España. Se llamó «española» porque la prensa española, neutral en la guerra, informó con libertad mientras los países beligerantes censuraban la noticia.
- La causó un virus A(H1N1) de rasgos aviares, «madre» de todas las pandemias de gripe A posteriores (1957, 1968, 2009).
- Llegó en tres oleadas (primavera 1918, otoño 1918 —la más letal— e invierno 1919) y tuvo una mortalidad anómala en adultos jóvenes de 20-40 años.
- En España causó alrededor de 237.600 muertes en exceso entre mayo de 1918 y abril de 1919, según los estudios históricos.
- El virus se reconstruyó en 2005 a partir de tejidos conservados; de aquella pandemia salieron la vigilancia, las vacunas y los antivirales que hoy nos protegen.
El asistente te hace unas diez preguntas y te dice si encaja con gripe, si hay señales de alarma y qué hacer hoy. Dos minutos; no guarda tus respuestas.
Qué fue la gripe de 1918
La gripe de 1918 fue una pandemia de gripe que, en poco más de un año, dio la vuelta al mundo y mató a más gente que toda la Primera Guerra Mundial. Según la revisión de referencia de Taubenberger y Morens (2006), «se estima que un tercio de la población mundial (unos 500 millones de personas) resultó infectada», y las muertes «se estimaron en unos 50 millones y posiblemente hasta 100 millones».
Para medir su violencia, los expertos usan la letalidad: la proporción de infectados que fallecen. En 1918 superó el 2,5 %, frente a menos del 0,1 % de otras pandemias de gripe. Dicho de otro modo, murió más de una de cada cuarenta personas que enfermaron, en un mundo sin antibióticos para las neumonías bacterianas que remataban a muchos enfermos, sin cuidados intensivos y sin vacunas. La OMS la recuerda como la más severa de las pandemias del siglo XX, con «20-50 millones de muertes en 1918-1919».
Por qué se llama «gripe española» si no empezó aquí
Es la gran injusticia histórica del nombre: la pandemia no nació en España. El apodo se debe a la censura de guerra. En 1918 Europa estaba en plena Primera Guerra Mundial, y los países beligerantes (Francia, Reino Unido, Alemania, Estados Unidos) censuraban cualquier noticia sobre la epidemia para no minar la moral de las tropas ni dar ventaja al enemigo.
España era neutral. Su prensa informó con libertad desde los primeros casos, en la primavera de 1918, y esa cobertura dio al resto del mundo la falsa impresión de que la enfermedad era especialmente grave aquí, o que había empezado aquí. El Instituto Nacional de Estadística lo resume así: «España fue la primera en publicar sobre la enfermedad», lo que «llevó a la falsa creencia de que España era su origen». En España, con ironía, la llamaron el «Soldado de Nápoles», por una zarzuela de moda tan pegadiza como el contagio.
¿De dónde salió entonces? No hay certeza. Las hipótesis más citadas apuntan a campamentos militares de Estados Unidos, desde donde los soldados la habrían llevado a Europa con el enorme trasiego de tropas de la guerra, aunque también se han propuesto orígenes en Francia o en China. El propio virus, como veremos, tiene un origen que sigue sin estar del todo resuelto. Lo que sí está claro es lo que el nombre esconde: que una enfermedad puede quedar ligada para siempre a un país por cómo se contó, no por dónde ocurrió.
Las tres oleadas (1918-1919)
La pandemia no fue un golpe único, sino tres oleadas sucesivas, y la segunda fue, con diferencia, la más mortal. Es un patrón que se repetiría en pandemias posteriores y que explica por qué las autoridades vigilan los rebrotes.
| Oleada | Cuándo | Características |
|---|---|---|
| Primera (heraldo) | Primavera-verano 1918 | Relativamente leve; muchos casos, pocas muertes. Pasó casi inadvertida. |
| Segunda | Otoño 1918 (sep-nov) | La más letal. Se extendió por todo el planeta y multiplicó la mortalidad. |
| Tercera | Invierno-primavera 1919 | Intermedia; remitió a lo largo de 1919. |
Lo más anómalo fue a quién mataba. En una gripe normal, la mortalidad dibuja una «U»: mueren sobre todo los muy pequeños y los muy mayores. En 1918 la curva fue en «W»: a esos dos picos se sumó un tercero, enorme, en adultos jóvenes y sanos de 20 a 40 años. Taubenberger y Morens lo describen como «un patrón característico que no se ha documentado antes ni después». Se cree que la respuesta inmunitaria especialmente vigorosa de los adultos jóvenes se volvió contra sus propios pulmones, y que los mayores conservaban defensas de gripes anteriores.
Los datos locales confirman ese perfil: en el País Vasco, el grupo con más muertes fue el de 25 a 34 años, seguido del de 15 a 24 y de los niños menores de 4 (Erkoreka). Fue una tragedia que se cebó con padres y madres jóvenes, hijos en plena edad de trabajar, soldados. Esa anomalía es parte de lo que convirtió la pandemia de 1918 en un acontecimiento demográfico, y no solo sanitario, y en una de las razones por las que hoy se vigila con tanto cuidado la gripe y sus cambios.
La gripe de 1918 en España
España sufrió la pandemia con dureza, aunque no fuera su origen. El estudio de Chowell y colaboradores (BMC Infectious Diseases, 2014), el análisis moderno más detallado, estimó para España unas 237.600 muertes en exceso entre mayo de 1918 y abril de 1919 (una tasa de 115,9 por cada 10.000 habitantes), de las cuales unas 194.960 fueron por causas respiratorias.
Los registros de la época coinciden en la magnitud. Según los Anuarios Estadísticos recogidos por el INE, en 1918 constaron en España 147.114 muertes directas por gripe y otras 123.056 por complicaciones de la infección, con los adolescentes y adultos jóvenes como los grupos más castigados. La segunda oleada, en el otoño de 1918, fue la que colapsó pueblos y ciudades; la crónica de la época en El Sol describía que «en todos los pueblos solo se oyen los lamentos de los aldeanos; el número de atacados es espantoso».
El estudio de 2014 encontró además un gradiente geográfico de sur a norte: las provincias del interior y el norte (Burgos a la cabeza, con 169,7 muertes respiratorias en exceso por 10.000) sufrieron más que las del sur y las islas. Las deficiencias sanitarias, la escasez de médicos (muchos movilizados) y las condiciones sociales de la posguerra agravaron el desastre.
No todas las cifras coinciden, porque los registros de 1918 eran incompletos. El historiador médico Anton Erkoreka recuerda que el Instituto Geográfico y Estadístico contabilizó oficialmente 182.865 muertes por gripe entre 1918 y 1920 (143.930 solo en 1918), pero que las investigaciones posteriores han corregido esa cifra al alza, hasta las 260.000-270.000 muertes que estimó Echeverri, en torno al 12 por mil de la población española. En el País Vasco, donde Erkoreka estudió los registros municipales, enfermó cerca del 50-60 % de la población, y las localidades más golpeadas perdieron más del 2 % de sus vecinos en pocas semanas. La horquilla da idea de la magnitud, más que un número exacto.
El virus: H1N1 y su reconstrucción en 2005
El culpable fue un virus de la gripe A del subtipo H1N1, con rasgos de origen aviar. Su importancia va más allá de 1918: según Taubenberger y Morens, aquel virus es «la madre de todas las pandemias», porque sus descendientes genéticos causaron las pandemias posteriores de 1957, 1968 y 2009. El virus de la gripe porcina de 2009 es, de hecho, un pariente lejano de aquel.
Durante décadas el virus de 1918 fue un misterio, porque desapareció antes de que existiera la virología moderna. La historia de su recuperación es extraordinaria. El patólogo Jeffery Taubenberger empezó en 1997 a secuenciar fragmentos a partir de muestras de archivo. Ese mismo año, el jubilado Johan Hultin, de 72 años, viajó a Brevig Mission (Alaska), un pueblo donde la gripe había matado a 72 de sus 80 adultos en cinco días de 1918, y recuperó tejido pulmonar de una mujer enterrada en el permafrost. Con ese material, el equipo completó la secuencia de los ocho genes, y en 2005 el microbiólogo Terrence Tumpey reconstruyó el virus completo en un laboratorio de alta seguridad del CDC. Los resultados se publicaron en Science el 7 de octubre de 2005.
¿Qué se aprendió? Que ningún gen por sí solo explicaba su letalidad: como concluyeron los investigadores, «la constelación de los ocho genes juntos forma un virus excepcionalmente virulento». La hemaglutinina y el gen de la polimerasa PB1 resultaron clave para que se multiplicara tan deprisa en el pulmón humano. Entender esto ayuda hoy a evaluar el riesgo de virus nuevos, como los de la gripe aviar.
Qué aprendimos para hoy
Un siglo después, una pandemia como la de 1918 seguiría siendo un reto, pero ya no nos encontraría indefensos. De aquella catástrofe y de las pandemias siguientes salieron las herramientas que hoy damos por sentadas:
- Vigilancia mundial: la red de la OMS (GISRS) rastrea los virus de la gripe en tiempo real y permite actualizar la vacuna cada año. En España esa vigilancia la realiza el sistema SiVIRA del ISCIII (ver la gripe en España esta semana).
- Vacunas: no existían en 1918. Hoy la vacuna de la gripe se reformula cada temporada según los virus que circulan.
- Antivirales: medicamentos como el oseltamivir, que en 1918 eran impensables, hoy ayudan a las personas de riesgo si se dan pronto (antivirales para la gripe).
- Antibióticos y cuidados intensivos: muchas muertes de 1918 se debieron a neumonías bacterianas que hoy se tratan, y a fallos respiratorios que hoy se asisten en una UCI.
- Medidas no farmacológicas: el aislamiento de los enfermos, la ventilación, la higiene de manos y las mascarillas ya se usaron en 1918 y siguen siendo la primera línea de defensa.
La lección de fondo es doble: la gripe no es un resfriado, y los virus de tipo A pueden cambiar lo suficiente como para causar pandemias. Por eso la gripe estacional se vigila y se previene cada año, y por eso un virus aviar nuevo se toma en serio. Para entender los distintos tipos de gripe y en qué se diferencian, consulta tipos de gripe; y para saber cómo es hoy la gripe A heredera de aquel linaje, gripe A.
Incidencia, virus dominante y tendencia por comunidad, con datos del ISCIII.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama gripe española si no empezó en España?
¿Cuánta gente murió en la gripe de 1918?
¿Cuántos murieron en España por la gripe de 1918?
¿Qué virus causó la gripe española?
¿Por qué mató a tantos adultos jóvenes?
¿Podría repetirse una pandemia como la de 1918?
Fuentes
- Emerging Infectious Diseases (CDC) — 1918 Influenza: the Mother of All Pandemics (Taubenberger & Morens, Emerging Infectious Diseases, 2006)
- BMC Infectious Diseases — Spatial-temporal excess mortality patterns of the 1918-1919 influenza pandemic in Spain (Chowell et al., BMC Infectious Diseases, 2014)
- INE — 1918: Una pandemia vista desde los Anuarios Estadísticos
- CDC — The Deadliest Flu: The Complete Story of the Discovery and Reconstruction of the 1918 Pandemic Virus
- OMS — Past pandemics (evaluación de la respuesta a la pandemia de 2009; contexto de 1918, 1957, 1968)
- Anton Erkoreka / Universidad del País Vasco (Museo Vasco de Historia de la Medicina) — La pandemia de gripe española en el País Vasco (1918-1919)
- CDC / The Lancet Infectious Diseases — First Global Estimates of 2009 H1N1 Pandemic Mortality (contexto de pandemias de gripe A)
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